Antes de despertar

Antes de despertar.

Editorial:
CUADERNOS DEL LABERINTO
Año de edición:
Materia
Poesia de poetas individuales
ISBN:
978-84-122808-5-2
Páginas:
66
Colección:
ANAQUEL DE POESIA
13,00 €
IVA incluido
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Antes de despertar, el primer poemario que publica Dolores Conquero (quien, sin embargo, no es nueva en la poesía, pues en el pasado fue premiada por José Hierro y Claudio Rodríguez), se articula en torno al tema del maltrato, muy poco transitado en la poesía española. Del maltrato psicológico, para ser más exactos. La dependencia, el autoengaño, el sueño de la familia perfecta o las constantes contradicciones en que incurre la mujer durante su relación, son algunos de los temas que Conquero aborda en este libro rotundo e inclasificable. A lo largo de dieciocho poemas, el yo confesional ùque no biográficoù analiza las trampas psicológicas que están detrás de este problema, así como los continuos tiras y aflojas del proceso de liberación, sobre el cual sobrevuela, cual losa, el recuerdo del pasado feliz. Pero, con ser esto importante y novedoso ùaquí no hay golpes ni violencia, todo es más sutilù lo verdaderamente destacable de Antes de despertar son las reflexiones ùvalientes, insólitasù que se hace la narradora. Unas reflexiones que, como dice la poeta Verónica Aranda en la introducción, tienen más que ver con las complejidades y los abismos de la mente. ¿En qué piensa un ser humano acorralado?, ¿desea morir?, ¿desea matar?, ¿qué ocurre dentro de alguien cuando descubre su lado menos amable? Con un lenguaje claro, que combina equilibradamente lirismo y coloquialismo, la autora da voz a las víctimas y no evita absolutamente nada.EL DESCONOCIDO Eran tus mismas manos pero, qué poco de aquellas amables, casi mías. Eran tus mismas proporciones: idéntico vaquero cubriendo la piel que un día creí sin aristas sin grandes fisuras. Eras tú. Eso decían llaves y documentos. Desde papeles y fotografías me mirabas también, y ahí estaban los ojos largamente amados la paz apresada en imágenes de 13 x 15 centímetros. Eras tú. Pero te retorcías con movimientos jamás sospechados. Los gritos habían sustituido a las palabras y esa voz, la misma de la que conocía todas las inflexiones, me increpaba ahora. Eras tú, pero ¿dónde estaba aquel que conoció mi amor y un día me hizo eterna? ¿En la mirada amenazante? ¿En los ojos salidos de las órbitas? No, ese desconocido no podías ser tú, pero entonces ¿quién eras?